Nada
Y allí me senté debajo de la copa de aquel árbol, para sentir como los rayos del sol atravesaban sus hojas. Recogí mis piernas y las abracé, dejando escapar una lágrima de mis ojos. ¿Qué significado tiene esa lágrima? Acaso, ¿es tristeza, impotencia, felicidad? ¿o simplemente es nada? En este caso, la lágrima me resulta tan vaga y difusa como mis ideas, incluso como mis sentimientos. ¿En qué momento me volví tan agnóstica ante el verbo creer? ¿Acaso creer en nada es creer en algo?
Hace tiempo sólo me dejo llevar por los días, semanas, meses y puede que años, ya hasta la percepción del tiempo la perdí, y a fin de cuentas ¿qué es tiempo y para qué sirve? Sólo busca mortificarnos porque resulta insuficiente o a veces exageradamente largo.
Los hombres ya dejamos de vivir el momento, todo está atado a un ayer y sujeta impaciente al futuro, no apreciamos lo suficiente el hoy desperdiciando segundos de vida, para que el día juicio final al inventariar lo que realmente eres te lleves tan poco de ti mismo, como lo que trajiste al nacer,
¿Es bueno o malo? ¿quién sabe? Es tan subjetiva la idea que da dolor de cabeza, ¿está bien lo que decimos? ¿está bien lo que hagamos? ¿estar bien es estar feliz? Preguntas y más preguntas, que nos atormentan en nuestro paso. ¿respuestas? No las hay, o al menos una concreta no existe.
¿He dejado de vivir acaso? ¿o sólo se trata de una cuestión de supervivencia? Ya no gozo de ver un amanecer y mucho menos de aspirar el aire fresco, sólo me encajono en encajar, y ¿eso es acaso disfrutar del regalo llamado vida? Por supuesto que no.
Pero así lo decidimos y así marcamos nuestro rumbo, en hacer girar al mundo por necesidades vacías y superfluas, para que al final todo quede en nada.



