Esa noche...
- - Prométeme hacerlo especial...
Fue mi única petición para esa noche, lo demás era decisión tuya, el cómo y el dónde, en ti estaba esa gran responsabilidad, la de hacerlo inolvidable.
Esa noche llegué a eso de las nueve en punto, quizá un poco más tarde, la casa estaba como siempre, la misma apariencia sin mucho que apreciar en realidad, hasta que abriste la puerta. Llevabas jeans oscuros probablemente los había visto antes y una camisa negra con delgadas líneas blancas las cuales entallaban mejor tu torso y claro como olvidar que vestías esa hermosa sonrisa que siempre lograba cautivarme. Yo ese día quizá me atreví a sorprenderte, una blusa color rojo con un escote bastante generoso y pantalones negros, por primera vez me viste en tacones, nunca olvidaré tu expresión de sorpresa al verme más alta. Ese día usé mi perfume preferido y un maquillaje bastante natural pero procurando destacar algunos de mis mejores rasgos.
- - Bonita, ¿no?
- - Si tú lo dices supongo que debe ser así
En ese momento respondiste con una sonrisa, y con la cual dijiste absolutamente todo. Me invitaste a pasar, y allí empezó todo.
- - Quise ahorrar electricidad, por eso las velas
- - Claro entiendo, mejor así, le da un toque romántico y algo misterioso
- - Supongo que sí.
Aquellas frases irónicas que marcaban cada conversación que sin decir nada decían mucho, o mejor dicho, decían lo suficiente para mantenernos atento.
- - Creo que para la ocasión es oportuno que tomemos vino, creo que al ambiente se presta.
- - Creo que sí, aparte, debemos ser sensatos y decir que a ambos nos encanta el vino.
- - Eso es muy cierto, ya nos sirvo para dar inicio a la velada.
Me senté en el sofá de siempre, aquel que tanto conocía y que si hablase, me delataría en muchas de mis acciones.
- - Bueno, brindemos por esta noche
- - Por el anfitrión
- - Por mi invitada
- - Por nosotros
- - Salud
Chocamos las copas, y en ese momento nos fuimos hundiendo en la tertulia, las velas, el vino y el sofá acompañaron a los protagonistas por largo tiempo. Nuestra capacidad para conversar era hermosa.
- - Pongamos música
- - Estoy de acuerdo, incluso deberíamos bailar
- - Jajaja, si quieres lo haremos
- - Tu también tienes que querer
- - Si te involucra, claro que quiero
No pude más que sonreír ante esa respuesta. Me puse de pie y fui al baño a retocarme, al salir sonaba una vieja balada que sabías que me encantaba y que en cierta forma me hechizaba.
- - ¿Me concede esta pieza?
- - Por supuesto.
Torpemente empezamos a bailar, y digo torpe no por el hecho de que no supiéramos, sino por el efecto del vino que ya empezaba a atrofiar algunas funciones y a activar otras. Entre risas intentábamos dar lo mejor de nosotros.
- - Creo que empezó a llover
- - Tienes razón, creo que así resulta más interesante
Seguíamos bailando y decidí recostarme en tu hombro, en ese momento el olor que percibí fue algo indescriptible, tu perfume entremezclado con tu sudor y el olor del vino, algo simplemente exquisito y apetecible. De la nada hiciste parásemos, y me miraste a los ojos por un buen rato y decidiste besarme, un beso que marcaría el comienzo de algo hermoso.
Poco a poco nos fuimos fusionando, cada rose se tornaba en una caricia, los besos se intensificaron y el deseo de explorar era inexplicable.
- - Vamos al cuarto
Como niño bueno obedeciste, me tomaste de la mano y nos dirigimos a un lugar algo vulgar, una habitación sin más ni menos cuyo mayor atractivo era su cama.
Me tumbaste sobre la cama y seguimos lo empezado en la sala, hasta que la ropa empezó a estorbar y era justo deshacernos de ella. Desabotonar tu camisa, fue semejante a abrir un regalo, no sabes que hay pero estás ansioso de descubrirlo. Y así sucesivamente, hasta que vi por completo lo que tanto oculta una envoltura.
Como era de esperarse tu también quisiste abrir tu regalo, la sensación de ese momento fue extraña, se entremezclaron sentimientos como deseo, lujuria, miedo, vergüenza, pero con cada roce de tus manos y de tus labios sobre mi piel, me convencía que debía seguir.
Ya los dos al descubierto decidimos dejar los tabúes a un lado y nos desinhibimos por completo. Notaste que tenía una ligera impresión de miedo y lo único que alcanzaste a decir fue lo siguiente.
- - Prometí hacerlo especial
En ese momento olvidé cualquier tontería que pasase por mi mente, y me concentré sólo en ese momento. Simplemente maravilloso el llevar y ser llevada a un lugar nunca visto, a experimentar algo único y descubrir cosas por demás hermosas.
Cada gota de sudor, cada respiro, cada gemido, cada beso, cada caricia y cada sinfín de cosas que se ven y se sienten sólo en ese momento, en el que dos cuerpos deciden ser uno.
Increíble que haya quedado tan exhausta y por tu expresión, me atrevería a decir lo mismo de ti. Sólo consigo recostarme en tu pecho, para sentirme protegida y segura, mientras tu mimas mi cabello y mis brazos.
- - ¿Lo hice especial?
- - Increíble
- - Bueno lo que se hace con amor no puede resultar de otra forma
Mi mirada fue algo confusa al momento en que dijiste eso.
- - Te amo
Me sonreí y me recosté nuevamente en tu pecho para percibir tu olor y recordar para siempre ese momento, y con el que luego diría.
- - Gracias por hacerlo así, también te amo.



