Espejito, espejito
Un rostro sin sonrisa,
una lágrima de cristal,
dos ojos que me miran
y una voz me ha de juzgar,
Por un momento de alegría
tres de tristeza se han de imponer,
un error que me lastima
y miles de problemas sin resolver.
Un grito que me incita
a dañarme más y más,
y un susurro me suplica
que es hora de parar.
Una mano amiga se tiende ante mí,
me pide que la siga
para que vuelva a sonreír.
Caigo en un abismo y me niego a salir,
y sigo sin caer en cuenta
que la felicidad está junto a mí.
A lo único que temo es a ser yo,
mi mayor miedo es demostrar quien soy,
siempre guiado por el resto
y casi nunca por lo que dicta mi razón.
Espejito, espejito ¿por qué tan triste estoy?
¿por qué cuando veo mi reflejo,
no logro ver quién soy?
¿O acaso sólo muestras
lo frío de mi corazón?
Muestras sólo una sombra,
y no hago nada para cambiar
simplemente resignándome,
dejándome llevar.
¿Acaso me ciego ante la cruel realidad?
En mí todos ven risas
cuando en verdad quiero llorar.
Ya no veo una mano ahora veo dos,
me sacuden para que reaccione
y aprenda a ser yo.
Luego abren los brazos
rogándome por un abrazo.
Y el susurro ya no es susurro
sino mi propia voz,
me dice que me cuide,
que el crecer no es sufrir,
sólo existen cosas
por las que aprender a vivir.
Mi llanto cesa y el espejo se aclara,
comprendo que llorar
no soluciona nada.
Seco mis lágrimas y consigo reír,
hablar conmigo mismo
me ayuda a seguir.
Necesitaba un momento a solas,
dije en voz alta;
en ese momento se abre la puerta,
una amiga entra por ella,
se guinda de mis hombros
y besándome en la frente
me dice que si amistad la tendré por siempre.
Me pide reaccione
y cuando quiera llorar,
con tan sólo una llamada ha de bastar;
que detrás del espejo
ella siempre estará.



