Mi viaje
Abro y los ojos y cada segundo de luz se torna dudoso, lo que fue mi sueño e incluso mi pesadilla lo confundo con la realidad. Cada momento vivido se vuelve una mentira que se aleja más y más de la realidad. ¿Me equivoco o se equivocan? He allí la pregunta atormentante que se en encuentra en boga, ¿es el mundo quién me juzga o soy yo misma? ¿En qué momento empecé a cuestionarme a la vida? Preguntas, preguntas, preguntas y más preguntas, siento que en cualquier momento mi cabeza estallará, quiero gritar, quiero llorar, quiero equivocarme y componer mi error. ¿En qué momento crucé la delgada línea que separa lo interno de lo externo, lo real de lo irreal? Supongo que cuando dejé de escucharme o quizá cuando mi voz interna se volvió un zumbido ante los gritos de terceros, en cualquiera de los dos casos, es mi culpa. Por ser sumisa, por intentar adaptarme, por simplemente justificar mi ausencia en un lugar, y al fin y al cabo ¿a quién carajo le importa? Si a la única que le tiene que importar es a mí y es la opinión que menosprecio. Y una vez más me pregunto ¿soy yo la errada o son ellos? Me persigue la duda, mi cabeza se convierte en un gran signo de interrogación, la pasividad de mi ira quizá se torne hasta peligrosa ¿cuándo explotaré? ¿Cuándo correré el riesgo de gritar, llorar, reclamar, en fin de expresarme? Estoy simplemente cansada, siento que soy una bomba de tiempo, y una muy mala por lo que veo, que para no enfrentar al mundo se enfrenta a una computadora para escribir todo aquello que reprime. Es sano porque al fin y al cabo termino desahogándome pero no con quien tiene que ser. Ya basta es tiempo de parar o mejor dicho de que yo pare y deje atrás el montón de tonterías que cargo encima, es tiempo de desempacar y armar la maleta con nuevas cosas para un nuevo viaje, llego la hora de despegar con otro rumbo y basándome en la premisa que la tripulación soy yo, el avión mi vida y los pasajeros quienes me rodean.



