Niños
- - Leoooooooo - gritó Fabiola
Fabiola era una niña de 6 años, bastante adorable pelo castaño claro enrulado, ojos grandes negros, la piel blanca casi nieve, mejillas rosadas y una voz aunque chillona a veces bastante tierna. Era domingo en la tarde, y había salido a jugar en el patio de su casa, en este caso estaba buscando a su mejor amigo Leo para que la acompañara a construir una casa con los bloques de madera.
- - Leo, ya deja de esconderte, vamos a jugar con los bloques.
- - Pero yo no quiero jugar con los bloques, porque no mejor dibujar - respondió de forma muy dulce Leo.
Leo tiene 7 años, es de piel blanca tostada, ojos color miel y el cabello rubio. Era mayor que Fabiola por unos cuantos meses, y se conocen desde el día en que nació la pequeña, desde entonces no ha habido una amistad más linda y pura que esa. A veces bromeaban con que eran hermanos, ya que pasaban la mayor parte del tiempo juntos.
- - Bueno Leo hagamos algo, primero juguemos con los bloques y después dibujamos.
- - ¿Y por qué no lo hacemos al revés? Primero dibujamos y después jugamos con los bloques.
- - No, quiero jugar con los bloques - ya Fabiola estaba enfureciéndose.
- - Por favor, me queda poco tiempo y quiero enseñarte algo.
- - Bueno está bien, pero tiene que ser rápido, ¿lo prometes?
- - ¿Cuándo he roto mis promesas?
- - Creo que nunca
- - Bueno vamos a dibujar, es en serio, hoy no tengo mucho tiempo.
Los dos pequeños tomaron papel y lápices de colores y empezaron a crear sus obras de arte. Al cabo de unos diez minutos terminaron, así que iban a mostrarse sus dibujos.
- - Bueno Leo, no soy muy buena, pero dibuje aquella playa que vamos en vacaciones, mira aquí está la arena dorada, el mar y el cielo azul, un sol grandote y algunas palmeras, también hay esos pajaritos que vuelan todos juntos y pasan siempre muy cerca del agua y claro aquí están nuestros padres porque siempre vamos con ellos, y de este lado estamos tu y yo construyendo un gran castillo de arena.
- - Está muy lindo, ¿me lo regalarías? - dijo Leo sonriendo.
- - Claro, de hecho lo hice para ti.
- - Muchas gracias, bueno me toca a mi. Primero que todo ¿qué ves en el dibujo?
- - Muchas nubes y una gran luz.
- - ¿Sabes qué es esa luz?
- - No, ¿qué es?
- - Esa luz es Dios, aunque no veo sus rostro siempre hay una figura que brilla y que a la vez habla, esa luz es la que me permite verte cada vez que lo necesites, y si te fijas al lado de él hay un ángel.
- - ¿Y quién es él?
- - No sé su nombre, pero él me acompaña a verte siempre, ya que soy pequeño y tiene que cuidarme.
- - ¿Y por qué no puedo verlo?
- - Los ángeles sólo dejan mostrarse a quienes desean, en este caso el no quiere que lo veas por miedo a que te asustes.
- - Pero es imposible que me asuste, es un ángel, por lo que debe ser alguien bueno.
- - Sí, tienes razón Fabi, pero muchas veces no logramos comprender algunas cosas cuando estamos pequeños.
- - Sigo sin entender.
- - Algún día lo harás.
- - Leo mira, tienes alas en tu espalda y estás brillando mucho.
- - Es mi señal, ya debo irme.
- - ¿Y nuestra casa de bloques?
- - La próxima vez que venga la haremos, te lo prometo.
- - No quiero que te vayas - empezó a llorar Fabiola.
- - Yo tampoco quiero irme, en realidad nunca quise irme, pero como premio me dejan visitarte a diario y cuidarte.
- - Te extraño, ya no jugamos como antes.
- - Eso es cierto, pero siempre estoy a tu lado aunque no me puedas ver.
- - ¿Es por la cuestión de los ángeles que me explicaste?
- - Mmmm, algo por el estilo, poco a poco te iré explicando, me están esperando además tu madre está a punto de salir.
- - ¿Cómo sabes eso?
- - Jajaja, sé muchas cosas, te quiero Fabi, te extraño mucho, cuídate que yo te estaré siempre que lo necesites.
- - Siempre haces lo mismo me emocionas y después te vas, no es justo.
- - Nada es justo en la vida Fabi, algún día lo entenderás, adiós.
- - ¡Espera!
- - ¿Qué pasa?
- - También te quiero.
Leo desapareció como por arte de magia y en ese instante la madre de Fabiola, entró al patio.
- - Hija, ¿qué haces?
- - Nada mami, hablaba con mi ángel de la guarda.
- - ¡Ah si! Y ¿cómo se llama ese ángel?
- - Leo mami.
- - ¿Cómo Leito? - así solían llamarle a Leo.
- - Si mami, es Leito, él siempre juega conmigo y siempre dice que me cuida.
La mamá estaba algo confundida al respecto y asombrada, de hecho se asustó un poco, pensó en llevar a Fabi al psicólogo, no era la primera vez que ocurría este episodio.
- - Mejo entremos Fabi, ya se hace de noche y es hora de merendar.
- - Está bien mami.
Al entrar la madre de Fabi seguía algo aturdida por el episodio, hasta que el padre de Fabi lo notó.
- - ¿Qué pasa mi amor?
- - Fabi me preocupa, nuevamente me dijo que vio a Leito, y dijo que era su ángel de la guarda.
- - Quizá tenga razón, recuerda que los únicos que pueden ver a los ángeles son los niños, son los únicos con un corazón inocente y puro capaz de ver las cosas que los adultos no podemos. Déjala tranquila, no le hace daño a nadie, además todos debemos tener un ángel de la guarda y quien mejor que Leito para que sea el de ella, confiemos en que es cierto todo esto y que Leito cuidará siempre de Fabi.
- - Supongo que tienes razón, hasta que no se haga daño mejor dejarla, al fin y al cabo es una niña, ¿cómo robarle una ilusión?
- - Exacto, ven vamos a comer helado.



