Carta a la melancolía
Querido Ismael:
Ya las palabras se quedan cortas, el papel y la tinta se hacen algo infinito. Tantas cartas escritas, con tanto amor y ternura; y aún no recibo ni una postal de agradecimiento. De este lado del mundo, estamos mal, yo estoy mal; tu partida no fue más que una pérdida de misma y de mi esencia. ¿El llanto? ya pasó, ahora deambulo como una muerta viviente entre estas paredes, que más que un hogar se asemejan a una cárcel.
Todos los días siento frío, aún arropándome con cobijas de lana, nada supera el calor que me daba tu cuerpo, ése perfectamente esculpido y el cual adoraba descubrir, para conocer cada detalle. La música no es más que un molesto ruido, desde aquel día en que me susurraste "adiós aún después de muerto de amaré". Ya no hay comedia o parodia que valga ante esta ausencia, esta soledad; tengo hambre pero de tus besos, sueño de tus caricias, ganas de no tenerlas.
Ya van 2 años, 3 meses y 1 día, y sigo en las mismas. Daría todo por tu regreso, por tenerte aquí. Quizá no lo haya dado todo, supongo que falta algo...Así es, faltaría ofrecer mi vida por tenerte a mi lado, creo que es mejor despedirme así apresuro mi partida de este mundo para acompañarte al tuyo, sólo me conformaré con sentir algo de tu presencia aún a 6 metros bajo tierra.
Ten listo todo para mi llegada, ya hoy me responderás si después de muerto eres capaz de amar, y sino fue así mi ida de este mundo no fue más que un absurdo. Sin embargo, ¿ya para qué vivir?
Sin más que decir quien te ama aún después de muerta.
Con amor, Isabela



